Con el fallecimiento de Dick Williams (nuestro querido piloto del mágico 1984), debido a un aneurisma aórtico a la edad de 82 años, el béisbol pierde a una de sus grandes leyendas. San Diego también pierde a uno de sus iconos más representativos, porque su paso por los Padres supuso uno de los grandes momentos de nuestra historia. El primer gran éxito de san Diego en las Grandes Ligas.

Williams era un manager de la vieja escuela, un tipo duro, con carácter, que vivió en San Diego una de sus seis aventuras dentro de las Grandes Ligas. Aventuras que por otro lado le dejaron cargado de éxitos y reconocimientos, que finalmente le conducirían al Salón de la fama en el 2008.

Dirigió a los Atléticos de Oakland, los Medias Rojas de Boston, los Padres de San Diego, los Angels de California, los Expos de Montreal y a los Marineros de Seattle, completando un total de 21 años como gerente en las Grandes Ligas, con un balance de 1.571-1.451.

Pero fue con los tres primeros, con quienes logró mayores hazañas, ya que con el equipo de Oakland conquistó dos títulos de campeón de las Series Mundiales (en el 1972 y 1973); con Boston, lograría el título de la Liga Americana, tras 21 años de sequía para el equipo de Nueva Inglaterra, perdiendo las Series Mundiales frente a los Cardinals en siete encuentros; y como gerente de los Padres, llevó a nuestro amado equipo a su primer título de campeón de la División Oeste y nuestro primer título de campeones de la Liga Nacional, lo que supuso que llegáramos a las Series Mundiales en nuestra primera aparición en la postemporada, en toda la historia de los Padres. Hito que le valió para convertirse, junto con el también Hall of Famer Bill McKechnie, como los únicos gerentes que han logrado llevar a las Series Mundiales, a tres equipos distintos.

Todo un logro con San Diego, que a pesar de no poderse completar con la conquista del cetro mundial (los Tigres de Detroit nos batieron en cinco encuentros), supuso un hito en nuestra historia y el primer gran momento de los Padres en su historia. Por fin se dejaba de ser un equipo perdedor, para empezar a pensar que los sueños se pueden hacer realidad, como reza en el anillo de campeones de la Liga Nacional de ese año.

Un año que comenzaba de una manera, que no hacía presagiar el tremendo éxito que supuso para nosotros el 1984. La desgracia se cebaba con el equipo el 14 de enero, al fallecer el dueño del equipo Ray Kroc, a causa de una enfermedad cardiaca, pasando la propiedad del equipo a su tercera esposa, Joan B. CROC (siempre tengo de ella, la imagen de cuando levantó el trofeo el trofeo de campeones de la Nacional, llamando a sus "chicos" para que le ayudasen). Este fallecimiento motivó que los Padres lucirían las iniciales de Ray Kroc, "RAK", en la manga izquierda de su camiseta, durante toda la temporada (a modo de homenaje).

Pero a pesar de tan turbulento comienzo de año, al final la fortuna se alió con los Padres y logramos terminar con un balance de 92-70. Y eso que el equipo no contó con ningún jugador con 100 carreras impulsadas y con tan solo dos bateadores con 20 HR. Pero magníficamente gestionados por Dick Williams, jugadores memorables para nuestra historia como Steve Garvey, Garry Templeton, Graig Nettles, Alan Wiggins, así como el más grande de los Padres, Tony Gwynn (que ganaría ese año el primero de sus ocho títulos de bateo), lograron guiarnos a la tierra prometida.

Pero el gran momento del año, llegaría en la Serie de Campeonato, cuando los Padres se enfrentaron al campeón del Este de la Nacional: Los Cachorros de Chicago. Unos Cubs que hacían ese año su aparición en la postemporada, por primera vez desde 1945 y que parecían llamados a enfrentarse a los Tigres en el clásico del otoño. Más aún después de ver como Chicago se imponía a San Diego, en los dos primeros juegos de la última Serie de Campeonato que se jugaba al mejor de cinco juegos.

Finalmente los Padres lograrían hacer del Jack Murphy Stadium, un fortín inexpugnable que brindaría a los Padres la más grande de las remontadas realizadas hasta el momento por nuestro equipo, que terminaría logrando vencer la serie por 3-2, mostrando un espíritu de lucha incansable, insuflado por Dick Williams. Espíritu del que fue fiel reflejo la sexta y séptima entrada del quinto juego de la NLCS, en donde pasamos de perder 3-0 a terminar ganando 6-3 y con ello un pedacito de gloria. Y como no, Dick Williams se ganó un lugar en nuestros corazones para siempre.

El record de Williams con los Padres, desde 1982 a 1985, fue 337-311. Cuatro temporadas, en las que se convirtió en el único entrenador en la historia de los Padres en no experimentar una temporada con balance negativo, alcanzando 81 victorias en sus dos primeros años, 92 victorias en el mágico año 1984 y 83 victorias en su temporada final con el conjunto de San Diego.

Deja un recuerdo, una huella imborrable en el mundo del béisbol y de los Padres. Un hito que siempre será recordado porque hizo soñar a este equipo con alcanzar metas nunca antes soñadas. Que su fuerza nos inspire para seguir luchando por alcanzar en el futuro, las metas que todavía nos quedan por alcanzar.

Descanse en paz.

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