Ya quedó atrás el Juego de las Estrellas, donde la Liga Nacional prolongó un poco su racha victoriosa, después de tantos años de sequía. Atrás quedó la entrada triunfal de Heath Bell en el partido y su buena (aunque corta) actuación en el mismo.

Ahora toca centrarse en una recta final de campeonato, en donde se tendrán que decidir muchas cosas importantes para el futuro más inmediato de nuestro equipo, como por ejemplo los rumores de traspaso que pesan sobre algunos de nuestros jugadores, se tendrá que decidir sobre a que jugadores de Ligas Menores se le da la oportunidad de intervenir en las Grandes Ligas en estos próximos meses, etc. Y en todas esas decisiones tendrá un gran peso específico la planificación que se decida hacer, de cara al 2012.

Pero hay una cosa que los Padres no han perder de vista y que en las últimas temporadas ha marcado tendencia: Hay que hacer todo lo posible para terminar con un buen sabor de boca esta temporada. Y es que desde el 2007, los Padres han entrado en una curiosa dinámica, que ha marcado las temporadas que desde entonces hemos vivido. Dependiendo de cómo se termine un año, el siguiente estará marcado por el mismo signo (positivo o negativo) con el que se terminó la anterior campaña.

En el 2007 estuvimos a punto de lograr por primera vez en la historia de los Padres, nuestra tercera participación al hilo en la postemporada. Desgraciadamente los Rockies, en un tremendo final de temporada, frustró todas nuestras esperanzas (a pesar de terminar los Padres con uno de los mejores balances de nuestra historia), en un dramático partido número 163 de la temporada. Un playoff de un solo juego por el comodín, cuya derrota hirió en lo más profundo a los Padres, sumiéndonos en una depresión de que la que a punto estuvimos de salir el año pasado y que sin duda marcó de un modo maléfico el 2008. Un año 2008 en el que pareciese que en cada juego, la cabeza de todos estuviese todavía en Colorado, viendo como perdíamos una ventaja de dos carreras en entradas extra y como la postemporada se alejaba definitivamente. La consecuencia fue clara: un balance de 37-58 antes del parón del Juego de las Estrellas y un balance de 26-41 después del mismo. Sin duda una temporada para el olvido, marcada por el estado de ánimo con que el equipo terminó el año anterior.

Ya en el 2009 las cosas no mejoraron, sumidos todavía en la depresión de haber perdido aquel juego de Octubre en Colorado y que había hecho al equipo sumirse en una oscuridad que cubrió el 2008 y el comienzo del 2009. Antes del parón del Juego de la Estrellas, los Padres tuvieron un balance negativo de 36-52. Sin duda no se podía ser demasiado optimista y el fantasma de vivir otro año tan negro como el 2008, se cernía sobre San Diego. Pero después de llegar a los cien primeros juegos, con un balance de 38-62, los sesenta y dos juegos finales de la temporada hicieron que el equipo empezase una dinámica positiva que se extendería hasta casi el final del 2010. Un tremendo balance de 37-25 hizo que la fanaticada de San Diego recuperase el optimismo y al final, la temporada 2009 supo a poco y todos queríamos que el 2010 empezase lo antes posible, como intuyendo las cosas buenas que vendrían al año siguiente.

Y una vez más, los Padres vivieron una temporada marcada por las sensaciones mostradas en el final de la temporada anterior. Después de tan sensacional final de temporada en el 2009, los Padres del 2010 vivieron una de sus grandes temporadas, llegando a tener un balance de 51-37 cuando llegó el Juego de las Estrellas, que llegó a ser de 60-40 cuando se completaron los cien primeros juegos del año. Pero la historia, desgraciadamente, no pudo tener un final feliz para nuestros queridos Padres y a partir del 25 de Agosto, cuando teníamos un balance de 76-49 y 6.5 juegos de ventaja sobre San Francisco, el equipo se desinfló y el balance final de 90-72 no fue suficiente para lograr lo que se había merecido todo el año. Un balance de 14-23 en la recta final del campeonato, nos permitió llegar vivos al último choque del año, pero al final no se pudo lograr el tan ansiado éxito. Y la ventaja perdida parece como si hubiese vuelto a sumir al equipo en una especie de depresión, que se ha vuelto a extender a la siguiente campaña.

La temporada 2011, no ha comenzado del todo bien. Desde luego no ha sido como esperábamos y el balance al termino de la primera parte de la campaña está ahora en 40-52, pero si algo nos ha enseñado la historia reciente de los Padres, es que a pesar de que las cosas estén difíciles de cara a lograr algo este año, las sensaciones con la terminemos este curso, puede ser el preludio de cómo comencemos el siguiente.

Habrá que estar atentos a los movimientos que los Padres hagan respecto del roster (traspasos, jugadores que suban de Ligas Menores, etc), pero también será importante mirar los resultados que se logren en esta recta final. Hay que seguir apoyando al máximo a nuestro equipo, porque si logramos acabar bien este año, tal vez esa sea la base que necesitamos para que vivamos en el 2012, otro año mágico.

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