Se acaba la temporada y a falta de tan solo una serie para poner fin a este 2011, el calendario nos trae a casa a un equipo muy especial para la historia de los Padres de San Diego: Los Cachorros de Chicago.

Siempre que nos enfrentamos al equipo de la ciudad de viento, me entra un sentimiento especial. Un sentimiento de grandeza y de nostalgia al mismo tiempo. Un sentimiento que tiene que ver con el primer gran momento que vivieron los Padres, el primer gran éxito de la franquicia que tan profundamente la marcó. Un sentimiento por el que no puedo evitar tomar mi DVD del quinto juego de la NLCS de 1984 y poner las imágenes en las que todo el Jack Murphy Stadium salta de felicidad por nuestro primer viaje a las Series Mundiales. Imágenes que vivo con cierta envidia por el deseo de poder experimentar con los Padres, ese momento en persona.

Un sentimiento que se incrementa mucho en este año por varios motivos. Y es que esta serie viene justo al final de la temporada, cuando los Padres ven como la postemporada se aleja una vez más de San Diego, justo un año después de haber vivido un 2010 que resultó muy especial. Sin embargo en esta temporada las cosas no han salido del mismo modo y la despedida de la postemporada la hicimos hace ya bastante tiempo y no en el último día de competición, como lo hicimos en el 2010.

Pero otro motivo que hace especial esta serie y el recuerdo que nos evoca el enfrentamiento con los Cubs, es que en este 2011 hemos llorado el fallecimiento de Dick Williams (nuestro querido piloto del mágico 1984), debido a un aneurisma aórtico a la edad de 82 años, con lo que el béisbol perdía a una de sus grandes leyendas. San Diego también perdió a uno de sus iconos más representativos y en el ambiente de la serie también estará su recuerdo, por ese primer gran éxito de San Diego en las Grandes Ligas, por el que él tanto trabajó para que se produjera.

Así pues en el ambiente de la última serie del año, estará el recuerdo a uno de los grandes personajes de nuestra historia y del año en el que se logró toda una hazaña, que a pesar de no poderse completar con la conquista del cetro mundial, ya que los Tigres de Detroit nos batieron en cinco encuentros en las Series Mundiales de aquel año, la conquista de aquel primer entorchado en la Liga Nacional, supuso un enorme hito en nuestra historia. Por fin se dejaba de ser un equipo perdedor, para empezar a pensar que los sueños se pueden hacer realidad, como reza la inscripción que hay en el anillo de campeones de la Liga Nacional de ese año.

Un año aquel, que comenzaba de una manera que no hacía presagiar el tremendo éxito que supuso para nosotros el 1984. La desgracia se cebaba con el equipo el 14 de enero, al fallecer el dueño del equipo Ray Kroc, a causa de una enfermedad cardiaca, pasando la propiedad del equipo a su tercera esposa, Joan B. Kroc (otro momento que siempre revivo con el DVD de aquellas serie de Campeonato, es cuando ella levantó el trofeo de campeones de la Nacional, llamando a sus "chicos" para que le ayudasen). Este fallecimiento motivó que los Padres lucirían las iniciales de Ray Kroc, "RAK", en la manga izquierda de su camiseta, durante toda la temporada (a modo de homenaje).

Pero a pesar de tan turbulento comienzo de año, al final la fortuna se alió con los Padres y logramos terminar con un balance de 92-70. Y eso que el equipo no contó con ningún jugador con 100 carreras impulsadas y con tan solo dos bateadores con 20 HR. Pero magníficamente gestionados por Dick Williams, jugadores memorables para nuestra historia como Steve Garvey, Garry Templeton, Graig Nettles, Alan Wiggins, así como el más grande de los Padres, Tony Gwynn (que ganaría ese año, el primero de sus ocho títulos de bateo), lograron guiarnos a la tierra prometida.

Una tierra prometida que este año se nos ha negado y ya van cinco temporadas consecutivas que vivimos esta suerte. Mala suerte mejor dicho. Es por eso que cuando los Padres se despiden de este año, de un modo un tanto amargo, la serie con los Cubs y el recuerdo de lo vivido en el 1984, nos sirve en cierta forma como un bálsamo para la fanaticada, algo castigada por los resultados en este año.

Es por todo esto que cuando veo a los Cubs me vuelvo algo nostálgico, por un recuerdo de la franquicia que todos deseamos volver a vivir pronto. Vivir una serie de Campeonato en la que el PETCO Park se convierta en un fortín inexpugnable, del mismo modo que se convirtió el Jack Murphy Stadium, en los tres últimos juegos de aquella serie de 1984. Un fortín inexpugnable que brindaría a los Padres la más grande de las remontadas realizadas hasta el momento por nuestro equipo, logrando vencer la serie por 3-2 a Chicago, mostrando un espíritu de lucha incansable, insuflado por Dick Williams. Espíritu del que fue fiel reflejo la sexta y séptima entrada del quinto juego de la NLCS, en donde pasamos de perder 3-0 a terminar ganando 6-3 y con ello un pedacito de gloria.

Un momento que se grabó en la memoria colectiva de la fanaticada de los Padres y de la franquicia en sí misma. Un momento que supuso la primera de las dos Series Mundiales que San Diego ha disputado y disfrutado, a pesar que en ninguna de las dos ocasiones el título de Campeones del Mundo llegase al Sur de California. Pero su recuerdo nos a de brindar esperanza de poder ver a nuestros queridos Padres en una historia similar muy pronto. Un deseo de toda la fanaticada de San Diego, que ruega por volver a vibrar como lo hizo el Jack Murphy Stadium en aquella ocasión.

Esperemos que suceda pronto y que si hacemos que nuestro parque vibre, sea para celebrar no solo el tercer viaje a las Series Mundiales, sino también para celebrar el primer Cetro Mundial para los Padres.

Cualquier comentario es siempre bienvenido en padreshispanos@yahoo.com, y si desea seguir la actualidad de los Padres de San Diego y conocer más noticias en español de nuestro equipo, no duden en seguir la página oficial en español de los Padres de San Diego padresbeisbol.com y el blog PADRES HISPANOS, así como a través de PADRES HISPANOS EN FACEBOOK y a través de twitter en @BerkutMartin.